De vuelta a su cátedra de la Universidad de Salamanca después de una larga interrupción, se atribuye al fraile y escritor Luis de León haber comenzado su clase con una frase que se hizo célebre: “Como decíamos ayer”. Algunas cuestiones circunstanciales me obligaron a suspender por un tiempo este blog al que ahora retorno y siento la tentación de hacerlo también diciendo “decíamos ayer”. Entre aquellas “cuestiones circunstanciales” a las que acabo de hacer referencia se encuentran el asombro y el desánimo que me provocan las decisiones del actual gobierno en materia de ciencia y tecnología. Yo pensaba que en estos temas lo había visto casi todo y me gustaba repetir como León Felipe que “me sé todos los cuentos”. Pero no era así. No conocía el modelo de política científica que considera a los investigadores y a los docentes universitarios como parte de la casta y últimamente como posibles terroristas. Me cuesta tanto acostumbrarme a los excesos de lenguaje, que una primera reacción ha sido la de enmudecer. Discutir es cambiar ideas y no encuentro ideas que me permitan dialogar en el escenario en el que se desenvuelven las instituciones científicas, tecnológicas y universitarias en la actualidad.
Un impulso reactivo me decidió a volver a escribir, aunque no sobre la coyuntura, sino sobre aspectos racionales de los procesos de toma de decisiones en este campo y sobre tendencias que surgen de las innovaciones más recientes. Mi amiga y colega, la Dra. Carina Cortassa me sugirió que actualizara un viejo texto mío sobre evaluación en ciencia y tecnología. Me agradó la idea porque la evaluación es un aspecto esencial de un sano proceso de toma de decisiones. Finalmente presentaré el texto en tres entregas. Una primera, referida a la cuestión de por qué evaluar la ciencia y la tecnología, en la que haré referencia a los fundamentos, criterios y procesos, tendiendo a explicar por qué la evaluación es un componente central de las políticas y cómo se estructura. La siguiente entrada se referirá a la cuestión de cómo se evalúa, es decir los procedimientos y las herramientas de la evaluación científica y tecnológica. También haré referencia a los indicadores de ciencia y tecnología. La tercera y última entrada estará referida a los nuevos desafíos, en particular los que surgen de la aplicación de la inteligencia artificial. Es posible que este ejercicio abra nuevos senderos para seguir explorando en los próximos meses.
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