En 1971 un tema clave en la agenda de la política científica
y tecnológica era la transferencia de tecnología como instrumento para lograr
el desarrollo. Había una convicción compartida acerca de su importancia, pero su
significado y sus implicancias eran algo confusas y las herramientas para
llevarla a cabo controversiales. En aquellos tiempos, la Comisión Nacional de Estudios
Geo-Heliofísicos (CNEGH), creada en 1968 (disuelta diez años después durante el "proceso" militar), había
tomado como propia la bandera de la transferencia de tecnología y la asumió
como rasgo diferencial para confrontar con otras instituciones de promoción de
la investigación, como el CNICT (actual CONICET). Se trataba de un tema emergente
que registraba ya cierto discurso público como parte de los debates propios de
la teoría del desarrollo y de la dependencia de América Latina, surgidas en el
ámbito de la CEPAL. Para los directivos de la CNEGH, a pesar de su identificación
con esta problemática, la transferencia de conocimientos desde los grupos de
investigación a los actores económicos y sociales representaba un serio
problema, tanto desde el punto de vista operativo, como de la formulación de
una política institucional. El tema, reconocían, se había convertido en uno de
los aspectos que más dificultades les presentaba a la hora de definir y
desarrollar acciones.